O tempora! O mores! En busca de la ciudad ideal

foto portada

Aprovechando que las temperaturas todavía permitían viajar cómodamente por India, me decidí a salir de Chennai en autobús hacia Pondicherry, a unos 130 kilómetros al sur. El viaje tenía como objetivo visitar Auroville, localidad a 10 minutos de Pondicherry y de gran interés: se trata del último gran proyecto a nivel internacional de fundación y desarrollo de una ciudad ideal.

Una experiencia y una lectura se encargaron de ponerme a punto para el viaje. Más o menos a mediodía conseguí, después de varios intentos frustrados por la concentración de viajeros en los autobuses, colarme en uno de ellos. Mi casa está al sur IMG-20160123-WA0004de Chennai, por lo que los autobuses, cuando pasan por allí, suelen ir ya bastante llenos. El viaje se convirtió en una odisea de tres horas en un autobús sin aire acondicionado ni ventanas, de pie y sin posibilidades de movimiento a causa de la muchedumbre que me rodeaba. Durante los primeros kilómetros, dos adolescentes iban incluso agarrados por fuera del autobús (que, dicho sea de paso, solamente cierra sus puertas cuando abandona las zonas urbanas y aumenta su velocidad).

Yo estaba de pie junto a dos asientos, y la masa de mi alrededor me presionaba inocentemente contra las dos señoras que los ocupaban. La cabeza de la señora del asiento de ‘pasillo’ estaba justo a la altura de mi cadera, por lo que rotar mi cuerpo en cualquier dirección se hacía extremadamente incómodo (la señorona, con saree, unos cincuenta años y que transmitía gran respetabilidad, me fulminaba con la mirada cada vez que la presión de la masa me hacía siquiera mínimamente rozarla). Sentadas frente a las dos señoras, una madre y sus dos hijas viajaban más o menos cómodamente hasta que, de tanto girar bruscamente el autobús (y golpear mi cadera a mi archienemiga), primero la niña pequeña y luego la mayor empezaron a vomitar sin tregua. Supongo que entre el sudor y los vómitos las dos niñas perdieron una parte considerable de su volumen en este viaje.

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                                    Niñas y Señorona

Solamente dos días antes había leído la novela de Julio Verne Los quinientos millones de la Begún. En ella se relata la historia del Doctor Sarrasin, quien, en el Cuarto Congreso Internacional de Higiene en Londres, y gracias a una enorme herencia, plantea su intención de crear una nueva ciudad que combata la insalubridad y la injusticia; un lugar donde la ciencia y el bienestar sean la prioridad. No se estrujó mucho los sesos Jules a la hora de decidir el nombre de esa ciudad ideal, France-Ville, muy adecuado también de cara a mi viaje: en Pondicherry, como última gran colonia francesa en India, una gran parte de la población habla francés y está muy ligada a esa cultura.

Como en toda ciudad ideal, el objetivo de su realización es la representación fáctica de una visión del mundo precisa, racional y mejorada: utópica. En el caso concreto de France-Ville, todo germen debía ser combatido y expulsado al exterior de las murallas del perfecto y ajardinado lugar de residencia de los nuevos ciudadanos. Leemos en Los quinientos millones de la Begún que “la limpieza individual y colectiva es la preocupación capital de los fundadores de France-Ville. Limpiar, limpiar sin cesar, destruir y anular los miasmas que constantemente emanan de una aglomeración humana, tal es la obra principal de las autoridades. A este efecto se centralizan los detritus fuera de la ciudad y se les trata por procedimientos que permiten su condensación y su diario transporte al campo. El agua corre en abundancia por todas partes. Las calles, pavimentadas en madera bituminada, y las aceras de piedra están tan brillantes como el suelo de un patio holandés”.

¡Qué paz!, entre bandazo y bandazo del autobús, ¡pensando en un suelo de patio holandés, o el de mármol reluciente de la imagen de la Città Ideale de Urbino, vacío, de tal aséptica perfección que solo queda la idea y el trabajo del hombre, que no el hombre mismo portador de miasmas! Un retrato que recuerda a la scacchiera renacentista sobre la que se erigen ordenadamente todos los edificios. Pero tan fácilmente me abstraía del duro viaje de autobús como volvía, motivado por una mirada airada de la señorona o por una arcada más fuerte que las anteriores de la niña de enfrente, a la India y sus problemas de higiene: y es que por el momento no hay suficientes inodoros (artículo de El País) en el país ni cultura para su uso, y los excrementos que se van acumulando siguen siendo todavía en algunos lugares de la India responsabilidad de los Dalits o Intocables (BBC), quienes los retiran con sus propias manos. En ellos –y en inversiones millonarias para cambiar las cosas- se piensa en India cada 19 de noviembre, Día Internacional del Retrete.

Volviendo a la armonía de los mundos perfectos: qué alegría cuando Platón decía en La República que una estructura geométrica y absolutamente regular de una ciudad era portadora de una estética deleznable (hola, Eixample barcelonés). Qué espectáculo cuando la humanidad, en sus albores, tenía tanto por descubrir y podía detenerse a pensar en cómo ocupar y gestionar un territorio, como organismo independiente, como una ciudad-estado. Qué bien cuando, después del ocaso imperial y la noche medieval, los rivales de las miasmas morales decidieron refundar su propia visión del mundo, renacer en definitiva de otra manera. Cuánta adrenalina cuando los límites del mundo se iban agrandando; cuántos desastres y sin embargo cuántas posibilidades de volver a pensar en cómo establecerse una comunidad en un territorio determinado. France-Ville, de hecho, se ubicará en la costa oeste de Estados Unidos, donde algunas zonas debían todavía ser exploradas a finales del siglo XIX.

tierra virgen de auroville

                                                                             Tierras vírgenes pre-Auroville

Y ya en el siglo XX, casi agotada la noción de tierras vírgenes continentales y habitables, llegan las distopías o utopías, mundos paralelos, desarrollos probables o de radical transformación. Nuestro imaginario proyecta sistemas globales temidos o soñados, globalizadamente maniatados como para germinar alguna pequeña semilla que se convierta de nuevo en la ya lejana Edad de Oro sin arrasar antes con toda una civilización. Pasamos en el siglo XXI, por ejemplo, de la visión cínico-transformadora de Black Mirror al sueño húmedo del recolector de capitalismos de Will Forte en The last man on Earth: esa serie en la que todos han muerto menos unos pocos, pero el mundo ha quedado intacto, siempre hace sol y tienes todo lo que puedas soñar al alcance de tu mano: los más refinados vinos, coches, armas, casas o cuadros: los mejores bocados de nuestra civilización digeridos uno a uno y hasta el final por el Último Consumista que sobrelleva su soledad con el disfrute y no pierde el tiempo en ciudades ideales, pese a que las tierras vírgenes hayan resurgido.

last man on earth

No nos pongamos fatalistas al extremo: siempre podemos preparar un par de mochilas y rehabilitar un pueblo abandonado de la Castilla profunda y dar pie a una comunidad nueva y mejor. Muchos lo hacen, y es una alegría. Pero falta algo en todos esos planes: el bombo y platillo, la posibilidad de constituir una opción mejor para muchos, respaldado mediáticamente por varios países del mundo y con un proyecto ambicioso y con medios para llevarlo a cabo. El último momento en la historia en que algo así se ha producido es Auroville.

países auroville

124 países apoyaron la creación de un pequeño espacio internacional independiente en el interior de Tamil Nadu. Fundado en 1968, su nombre, más elaborado que el elegido por Verne para su ciudad, responde tanto a la idea de una “Ciudad de la Aurora” como a la “Ciudad de Sri Aurobindo”, creador del proyecto junto a Mirra Alfassa (conocida como “The Mother” en Auroville, con connotaciones espirituales). Habitantes de los diferentes países participantes se agruparon en este territorio, obtuvieron un pasaporte de Auroville, se instalaron y se pusieron manos a la obra para construir la ciudad. Estos fueron sus cuatro principios fundacionales de lo que allí se denomina su ‘visión’:

  1. Auroville belongs to nobody in particular. Auroville belongs to humanity as a whole. But to live in Auroville, one must be the willing servitor of the Divine Consciousness.
  2. Auroville will be the place of an unending education, of constant progress, and a youth that never ages.
  3. Auroville wants to be the bridge between the past and the future. Taking advantage of all discoveries from without and from within, Auroville will boldly spring towards future realisations.
  4. Auroville will be a site of material and spiritual researches for a living embodiment of an actual Human Unity.

La humanidad tomada como unidad, la colaboración en el seno de la comunidad, la educación y la exploración espiritual fueron, y todavía son, sus pilares fundamentales. Dejaron claro desde el principio que ninguna religión sería tomada como la verdadera o definitiva, autodeclarándose una especie de puente entre las contradicciones y conflictos interreligiosos del pasado y un futuro sin dioses particulares ni banderas excluyentes. Un paso sucesivo al propuesto por el protagonista de La vida de Pi, chico de Pondicherry (recuerdo: a 10 minutos de Auroville) que nadaba frecuentemente en la piscina del famoso Ashram de Sri Aurobindo (todavía activo en la misma Pondicherry) y que probó todas las religiones por separado antes de ser encomiado por todas a elegir una sola, la única y verdadera (recomiendo también al respecto la película PK).

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Pese a haber establecido unas previsiones de crecimiento bastante ambiciosas (la población, a estas alturas, tenía que ser de 50.000 personas), la realidad es que en la actualidad 2345 habitantes de 48 países diferentes conviven en Auroville, manteniendo una demografía estable, sin muchos recién llegados ni muchos emigrantes. Muchos otros indios o extranjeros se han ido estableciendo justo a las afueras de los confines de Auroville, sin querer involucrarse activamente en la comunidad ni en el sistema económico impuesto para sus habitantes censados, pero aprovechando lo agradable del lugar, su riqueza cultural y tecnológica.

ideal city

Entrar en los dominios de Auroville con un tuc-tuc o una moto te deja sin habla: después de cruzar pequeñas poblaciones caóticas que separan Pondicherry de Auroville, te encuentras con una zona boscosa amplia, caminos de tierra y pequeñas construcciones muy separadas las unas de las otras. Hay viviendas construidas de manera ecológicamente sostenible e integradas en las zonas verdes.

auroville casa

                       Una de las viviendas ecofriendly

Un comedor para todos los aurovillianos, la “Solar Kitchen”, está acondicionado para preparar comida para prácticamente toda la población usando únicamente energía solar. Bicicletas e incluso vehículos eléctricos abundan por los caminos que te llevan por el corazón del bosque guiándote (o perdiéndote) hacia un par de restaurantes que producen todo lo que ofrecen. Lejos de contradecir a Platón en cuanto a su estructura urbana, Auroville se construyó en espiral “galáctica”; la estructura de la maqueta de arriba estaba pensada para acoger a los 50000 habitantes; la ciudad mantiene esa forma pero con un 5% de los edificios proyectados; el que sí consiguieron terminar de construir después de muchos años y esfuerzo es su emblema, lugar de retiro espiritual y símbolo de unidad (ojo, solo accesible para los aurovilianos excepto en algunos momentos por la mañana de lunes a viernes, y nunca a las salas interiores del edificio).

matrimandir

En Auroville no existe el dinero en metálico: cada ciudadano tiene una cuenta pública que va usando como si fueran créditos; si un turista llega a la “Solar Kitchen”, por ejemplo, no puede comprar nada: necesita haber activado una pequeña cuenta con la que ir pagando lo que quiera consumir. Económicamente, la situación es interesante y polémica: Auroville gestiona el dinero de todos, dota a todos de casa y servicios de gran calidad (mención especial a las guarderías y educación) aunque a cambio se hace difícil para los que allí viven afrontar los gastos de viajes o compras fuera de su territorio y de India. Entre los grandes valores que allí se encuentran: un excelente sistema de potabilización de agua que se pretende exportar a zonas del sur de India con grandes deficiencias, exportación de productos biológicos e internacionales que se encuentran con dificultad, por ejemplo, en Chennai (quesos, pesto, pan, …), producción de energías renovables… Auroville genera un debate sobre eficiencia, tecnología, bienestar y economía sostenible por un lado, limitación competitiva, criterios discutibles sobre la aceptación de nuevos ciudadanos y falta de medios económicos para sus habitantes a la hora de salir de Auroville por otro. Un debate complejo del que todos tienen su opinión, pero que merece indudablemente su reconocimiento: se han hecho y se siguen haciendo cosas formidables en un pequeño rincón del mundo que, casi 50 años después de su fundación, mantiene todavía una particular manera de concebir y construir un mundo alternativo. No es quizá un sueño que comparta en su totalidad, pero sin duda su existencia es una buena noticia para todos aquellos que crean en ciudades ideales.

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